Revuelve la cucharada número 18 de azúcar y se rasca la nariz.
“Tengo la lentitud de una marsopa” piensa, y eso lo deja suficientemente entretenido por un rato. “Ni siquiera sé como son las marsopas”.
Prueba su café y le cuesta tragarlo. Está desagradable: frío y dulce.
No sabe qué hacer, ni en qué pensar para distraerse y se rasca la nariz.
16 octubre 2006
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